ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA


La nutrición juega un rol fundamental en el desarrollo del ser humano desde el momento mismo de la concepción. Desde el punto de vista de la Nutrición Pública, los estudios realizados en el ciclo de vida confirman que existen déficits o excesos de nutrientes que influyen negativamente en el desarrollo óptimo del ser humano y causan consecuencias en la nutrición y por ende en la salud. Las malas prácticas tanto en lactancia materna como en alimentación complementaria son uno de los problemas que afecta a la población.

La lactancia materna y la alimentación complementaria han sido identificadas como dos de las tres intervenciones directas de prevención más eficaces disponibles para prevenir la mortalidad infantil. La tercera intervención de prevención es la suplementación con vitamina A y zinc. (Lancet, 2003).
La salud de la mujer y el estado nutricional durante el transcurso del embarazo, y la alimentación del niño/a durante los primeros meses de vida, son factores muy importantes para la prevención de enfermedades del niño/a durante toda su vida. Quienes han sufrido retraso del crecimiento intrauterino y en el período postnatal, corren mayores riesgos de contraer enfermedades no transmisibles en la edad adulta. Por estas razones, las normas y recomendaciones nutricionales para el niño/a deben iniciar en los controles prenatales.


La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, seguida de una alimentación complementaria apropiada, contribuyen al desarrollo físico y mental óptimos. El inicio adecuado de este proceso es fundamental para la formación de buenos hábitos que influyen en forma definitiva en la salud y bienestar del niño/a.


Es de vital importancia que la introducción de alimentos se realice bajo buenas prácticas de higiene y manejo de los alimentos. Las personas a cargo de los niños/as deben lavarse las manos antes de preparar alimentos
y las de los niños/as antes de comer. Los alimentos deben ser conservados y almacenados de forma segura y  servirlos inmediatamente después de su preparación.


Se deben utilizar equipos y utensilios limpios para preparar y servir los alimentos. Al introducir alimentos complementarios es importante la formación de buenos hábitos y la práctica o  repetición de mitos y creencias que afectan negativamente la alimentación. La educación alimentaria y nutricional temprana debe evitar precozmente las acciones involuntarias, inocentes y bien intencionadas,  pero tendientes a introducir malos hábitos, que luego se perpetúan y que serán muy difíciles de combatir, por ejemplo usar alimentos como distracción, entretenimiento y premio (Ministerio de Salud de Chile, 2005).








Es importante enseñar a los niños y niñas a degustar cada sabor nuevo, de manera que aprenda a distinguirlo, pero en ningún caso se les debe obligar a comer un determinado alimento; se deberá esperar unos días para volver a ofrecerlo. Adicionalmente, es importante conocer que cada niño/a nace con preferencias innatas por lo dulce o lo salado; hay preferencias innatas obvias por ciertos sabores y rechazos por otros, pero éstos son factibles de ser modificados por la experiencia, por lo que se denominan preferencias o rechazos aprendidos que se asocian a experiencias poco placenteras.

Es recomendable que el alimento sea dado siempre en el mismo lugar, y en lo posible por la misma persona, en un entorno agradable y tranquilo, con utensilios que el niño identifique como propios, ya que las rutinas ayudan al niño a organizar sus patrones de interacción social. El niño/a tiene un ritmo horario para sus necesidades biológicas. Se debe respetar el horario rigurosamente en el caso de la alimentación y evitar que el hambre le provoque ansiedad e inquietud.

Una casa no es un hogar a menos que contenga los alimentos y el fuego de la mente, así como el del cuerpo


Benjamín Franklin

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